Los Escorpiones de Las Teresitas: La Leyenda Urbana que Vuelve Cada Verano

Cada verano pasa lo mismo. Estás en la toalla, con la Dorada bien fría, viendo cómo los críos hacen castillos y de repente alguien suelta: "oye, ¿tú sabes lo de los escorpiones de Las Teresitas?".

No viene de ningún sitio oficial. No sale en la tele. Pero todo el mundo lo ha escuchado alguna vez. Lo peor es que siempre es "un primo de un colega" quien vio uno o "la vecina de mi abuela" a quien le picó uno en los 80. Nunca es la persona que te lo cuenta directamente, ojo. Eso sí sería raro.

Como toda buena leyenda urbana canaria, mezcla playa, un pelín de paranoia veraniega y esa desconfianza crónica de que "aquí nunca nos cuentan las cosas claras". Por eso dura: Porque tiene todos los ingredientes.

El rumor: pequeños, invisibles y justo bajo tu toalla

La versión básica es esta: hay escorpiones escondidos en la arena de Las Teresitas. Pequeñitos, difíciles de ver, agazapados esperando a que metas la mano donde no debes. Algunos dicen que solo salen de noche. Otros que están en las zonas menos transitadas, por donde casi nadie va. Siempre, siempre, nadie los ha visto personalmente... pero todo el mundo conoce a alguien que sí.

Este tipo de historias funcionan especialmente bien en sitios donde vas con niños. No es tanto miedo a un monstruo marino, sino a que algo microscópico te arruine el día de playa. El miedo moderno, vaya.

Las Teresitas, además, tiene ese punto: es la playa bonita, la de postal, la que enseñas cuando viene gente de fuera. Así que imagínate si encima tiene escorpiones ocultos. Le da un toque de peligro invisible perfecto para contar en una barbacoa.

¿De dónde salió esta movida?

Aquí la cosa se pone interesante. La versión más popular dice que los escorpiones llegaron en barcos. Barcos comerciales, cargamentos desde África, ese tipo de cosas. Con el tiempo, esa explicación se fue simplificando hasta quedarse en: "vinieron en barcos".

¿Cuándo? Pues... no se sabe. ¿Qué barcos exactamente? Tampoco. ¿Alguien documentó esto? Ni de coña.

Pero suena lo suficientemente lógico como para que la gente se lo crea. Tenerife es una isla, los barcos van y vienen, cosas raras han venido en barcos antes (como esa culebra californiana que salió hace unos años en Santa Cruz). No es descabellado. Es verosímil. Y eso es lo único que necesita una leyenda para seguir rodando.

Hay quien va más allá y dice que llegaron directamente con la arena que trajeron del Sáhara en los años 70 para crear la playa. Esa versión es más jugosa, la verdad, porque tiene fecha, tiene contexto histórico y suena a "la cagamos pero nadie lo quiere admitir". Pero ojo: no hay ni una sola prueba de esto. Cero. Es puro folklore playero.

Separando el mito de la realidad (que a veces también es rara)

Vale, vamos a poner las cosas claras.

El mito dice:

  • Hay escorpiones viviendo en la arena de Las Teresitas.
  • Las autoridades lo saben pero no lo dicen para no espantar al turismo.
  • Llegaron hace décadas y siguen ahí, criando en secreto.
  • De vez en cuando pican a alguien, pero no sale en las noticias.

Todo esto es parte del relato popular. Se cuenta, se adorna, se comparte en grupos de WhatsApp con emojis de calavera. Pero no hay registros, no hay estudios, no hay pruebas.

La realidad es esta:

En Tenerife sí que hay escorpiones. Eso es verdad. La especie que anda por aquí es el Buthus occitanus, y efectivamente se cree que llegaron desde el norte de África, probablemente en barcos comerciales (ahí viene el grano de verdad del mito).

Pero —y esto es importante— estos bichos viven en zonas secas, pedregosas, con escombros o piedras. Sitios tipo solares abandonados, muros viejos, zonas rurales sin asfaltar. No en playas urbanas con miles de personas pisoteando la arena todos los días.

La arena húmeda, con gente moviéndola constantemente, con sombrillas clavándose, con niños cavando... no es su hábitat. Para nada. Sería como intentar montar tu casa en medio de la autopista del sur: poco práctico.

Además, el veneno de estos escorpiones es bastante flojo. Una picadura duele, sí, pero es más o menos como la de una avispa. Molesta, escuece, te pones hielo y ya. No es que te vayas a morir ni nada por el estilo. Los escorpiones peligrosos de verdad están en otros sitios del mundo, como México o el norte de África, pero no aquí.

Entonces, ¿hay escorpiones en Tenerife? Sí. ¿Están en Las Teresitas? Casi seguro que no. ¿Podría haber alguno despistado de vez en cuando? Bueno, nunca digas nunca, pero vamos, que es más probable que te pique una medusa.

La teoría del encubrimiento (porque toda leyenda necesita un villano)

Aquí viene la parte conspiranoica que le da vidilla a la historia.

Si no hay escorpiones visibles, ¿por qué todo el mundo sigue hablando de ellos? Fácil: porque no nos lo quieren contar.

Esta idea del "encubrimiento oficial" es un clásico de las leyendas urbanas modernas. Cuando faltan pruebas, se explica con silencio institucional. "Claro que no lo van a reconocer, si admitirlo sería un escándalo."

Imagínate: si saliera a la luz que metieron toneladas de arena sin control sanitario en los 70 y colaron escorpiones de paso, sería un marrón histórico. Negligencia monumental. Así que mejor callarse, seguir diciendo que "no hay nada", y que la gente piense lo que quiera.

¿Es cierto? Probablemente no. ¿Suena convincente? Un montón.

La versión oficial es simple y aburrida: no hay constancia de escorpiones en Las Teresitas. Punto. Pero las leyendas no se alimentan de versiones oficiales, sino de sospechas, coincidencias raras y ese "algo me huele mal" que todos llevamos dentro.

¿Por qué esta historia no se muere nunca?

Porque toca varios nervios a la vez:

El miedo a lo invisible. No puedes ver un escorpión en la arena hasta que es demasiado tarde. Eso es terrorífico de una forma muy primaria. No es un tiburón que ves venir, es algo que está justo debajo de tu pie y no lo sabes.

El peligro para los críos. La mayoría de gente que va a Las Teresitas lleva niños. Y los niños cavan, se tumban en la arena, meten las manos en cualquier sitio. Si hubiera escorpiones, ellos serían los más vulnerables. Ese miedo paternal multiplica la historia por mil.

La desconfianza institucional. Vivimos en una época donde nadie se cree las versiones oficiales al 100%. Si dicen "no hay escorpiones", mucha gente piensa "claro, eso es lo que quieren que creamos". No es paranoia loca, es escepticismo normal después de décadas de información a medias en todo tipo de temas.

La historia de la arena del Sáhara. Las Teresitas no es una playa natural cualquiera. Es una playa artificial, creada con arena importada. Eso ya es raro de por sí. Le da un aura de "aquí pasó algo grande, y quién sabe qué vino con esa arena". ¿Que hay en el sahara? Desierto, arena y escorpiones a tope. Pues han venido fijo! Es la semilla perfecta para una leyenda.

La falta de desmentidos categóricos. Nadie del ayuntamiento se ha puesto a hacer campañas de "NO HAY ESCORPIONES EN LAS TERESITAS". Porque, claro, ¿para qué? Sería darle más bombo al asunto. Pero ese silencio, para algunos, es confirmación suficiente.

Entonces, ¿puedo ir tranquilo a Las Teresitas o qué?

Mira, la respuesta corta es: sí, ve tranquilo.

La respuesta larga es: probablemente no haya escorpiones ahí. Pero aunque los hubiera, el riesgo sería mínimo. Estos bichos no van buscando gente para picar. Son tímidos, nocturnos, y prefieren estar lejos del ruido y el movimiento. Y si alguna vez, en la remota posibilidad, te picara uno, no sería el fin del mundo.

Pero como toda buena leyenda urbana, esta tiene una verdad incómoda en el centro: en Tenerife sí hay escorpiones. No muchos, no peligrosos, pero están. Y eso ya es suficiente para que la imaginación haga el resto.

La próxima vez que estés tumbado en esa arena dorada, con el agua cristalina delante y las palmeras detrás, puede que te acuerdes de esta historia. Puede que mires la arena un poco más de cerca antes de meter la mano. Puede que te preguntes si debajo de tu toalla...

Y luego seguirás con tu día, porque al final las leyendas urbanas no viven de lo que existe, sino de lo que tememos que pueda existir. Y ese miedo, ese cosquilleo, es lo que hace que año tras año alguien vuelva a sacar el tema en voz baja:

"Oye, ¿tú sabes lo de los escorpiones de Las Teresitas?"


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Nota final: Si alguna vez ves un escorpión de verdad en Las Teresitas, hazme un favor y mándame una foto. No para desmentir la leyenda, sino para confirmarla. Porque después de todo este rollo, me encantaría saber que tenía razón... o no.